“Dios no lo hizo a mi manera, Él quiso que dependa de Él”

He Ping* estaba parada ante una encrucijada. Ella había recibido la oportunidad de unirse a OM, pero esto le significaba dejar su trabajo y lanzarse a una inseguridad económica aún cuando su iglesia local no podría sostenerla. Aún es más problemático en una cultura donde es de suma importancia el respeto a los padres, a los adultos mayores y los ancestros. He Ping necesitaría desobedecer a sus padres de manera directa, quienes temen por su pérdida potencial de ingreso. 

“Yo soy alguien muy bondadosa”, dice He Ping. “Si alguien me dice que no haga algo, solo dejo de hacerlo. Pero con esta decisión, me digo a mí misma, que debo ser firme. Necesito dar este paso. Necesito rendirlo todo a Dios y permitirle que Él tome el control.” 

Una Malaya China de voz suave, con un amor por el teatro coreano, He Ping fue la primera en convertirse en cristiana en su familia. Cuando era niña, sus padres la mandaban a la Escuela Dominical para aprender inglés, y ella también asistió a un discipulado cristiano semanal en la escuela secundaria.   

El gozo que ella vio en las vidas de sus amigos y la bondad que ellos le demostraban cuando la llevaban a la iglesia cada domingo, la convenció de aceptar el amor de Cristo en su propia vida, a pesar de que inmediatamente ella enfrentó la resistencia de sus padres, quienes temían que la nueva fe de su hija descarrilaría las tradiciones familiares.

Pero el amor de Dios había irresistiblemente capturado el corazón de He Ping, y pronto, este amor comenzó a transformar su estilo de vida. Ella comenzó a luchar con las implicancias culturales del evangelio,  particularmente la ética de ingerir comida ofrecida a los ídolos, concluyendo eventualmente que continuaría comiendo la comida sacrificada mientras podía orar e ingerirla como una bendición de Dios. A medida que pasó el tiempo, sus padres gradualmente aceptaron el hecho de que su hija, a la larga, se había convertido en una seguidora de Jesús.     

Uniéndose a las misiones

Luego de convertirse en cristiana, He Ping trabajó por varios años en administración, ventas y gerenciamiento. Ella también se involucró en su iglesia local en roles de apoyo: “yo no soy una persona de estar al frente”, ella dijo con mucho énfasis. En su primer viaje misionero de corto plazo, una iglesia la sostuvo económicamente para alcanzar a los perdidos en una tribu remota en el este de Malasia, allí creció su deseo de trabajar en las misiones.                 

Eventualmente, He Ping supo de OM por un matrimonio malayo, quien sirvió en el Norte de África y que habló en su iglesia. Ellos la guiaron y allanaron el camino para entrar a las misiones a tiempo completo; en el año 2007, He Ping decidió unirse a OM, entregándole a Dios la obstinación de sus padres y sus precarias finanzas. 

Aún, ella evitó contarle a sus padres hasta que renunciara a su trabajo, haciendo inevitable su nuevo rol. Pronto después de su decisión, la iglesia la cual era incapaz de apoyarla, ahora anunció que podrían proveer con el 50 por ciento de los fondos que ella requería, y la oficina de OM en Malasia prometió ayudarla a conseguir el resto.  

Hoy, He Ping apoya a misioneros de OM en el este de Asia a través de administración, finanzas e IT-trabajo de oficina lo que algunos lo ven como algo tedioso, pero ella lo ve como una manera tangible de cuidar de su equipo. Su trabajo es particularmente crucial para quienes sirven en países represivos, donde la seguridad física puede reducirse a la seguridad de una memoria de USB o a la integridad de una línea telefónica.

En cuanto a las relaciones familiares, ella ha encontrado la manera de sostener a sus padres, proveyéndoles un pago mensual y para los servicios de la vivienda. “Esto les ayudó a entender,” dice ella. También reconoce que tiene que aprender más en cuanto a equilibrar el trabajo y el tiempo con su familia. “En cada etapa de la vida cristiana,” dice ella, “nosotros no dejamos de aprender.”

A medida que enfrenta cada etapa nueva en su viaje, He Ping no ha olvidado la lección de entregarse, la cual ella internalizó desde su decisión de unirse a OM hace 12 años. Al recordar ese evento, describe su deseo de volverse estable financieramente antes de entrar al ministerio de tiempo completo. 

“Pero esta era mi manera,” dice ella, haciendo un movimiento de karate chop con sus brazos para enfatizar sus palabras. “Dios no lo hizo a mi manera. Dios quiso que dependiera de Él.”

“No necesito preocuparme por nada,” concluye ella, “porque Dios sabe qué es mejor.”

*Nombre cambiado

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