Rosie Hooton (UK) sirve en Atenas, Grecia. Ella trabaja con mujeres que están buscando otras oportunidades de trabajo para que puedan salir de la prostitución. Rosie comparte desde su experiencia lo que ha aprendido sobre las maneras maravillosas en las que trabaja Dios. Aún cuando no es obvio, Él está en control y Sus planes siempre son los mejores.

Fue cuando Rosie Hooton (Reino Unido) se unió al evangelismo urbano de OM en Zúrich, Suiza, que sintió por primera vez el deseo de Dios de salvar a las personas del comercio sexual y llevarlas a su reino. Desde 2010, Rosie se ha involucrado en proyectos de OM en el barrio rojo de Atenas, Grecia. Ha visto el lado más oscuro de la naturaleza humana, pero a través de los años, ¿qué ha descubierto sobre Jesús en su propia vida y en la de los que la rodean? "¿Cuánto tiempo tienes?", dice Rosie, riendo. "Permítanme empezar por el principio, por la gracia de Dios. La he visto en acción desde que era una niña".

Inspirada por ejemplos poderosos

Rosie creció en una ciudad industrial en Inglaterra, donde su padre pastorea una pequeña iglesia; casi todos eran creyentes de primera generación, muchos de ellos con problemas de salud mental, de delincuencia y adicción. Sus padres acompañaban a la gente, ayudando en lo que podían. Por ejemplo, "a menudo teníamos más gente viviendo con nosotros, de todo tipo", recuerda Rosie. "Mamá y papá decían: 'este es fulano, acaba de salir de la cárcel'. Necesita un lugar para quedarse". O iban a un barrio cercano donde los niños corrían a lo loco y los llevaban a actividades para niños".

Inmersa en este ambiente radical, Rosie comprendió que había gracia para las personas con trasfondos difíciles, incluso cuando seguían tomando malas decisiones. Pero ella siempre había sabido y hecho las "cosas correctas", ¿también existía gracia para ella, que no tenía excusas pero sentía que siempre fingía ser buena? Rosie se sintió agotada y triste, enfadada consigo misma. Finalmente, al final de su adolescencia, oró con desesperación: "Señor, ¿puedo dejar de fingir y confiar en que tu gracia es suficiente para mí también?". Sintió que se le quitaba la carga del pecado.

Dios sigue haciendo lo inesperado

Dios "es siempre creativo", comparte Rosie. “¡Todo lo que piensas que va a suceder, Él piensa más grande, diferente, mucho mejor!” En 2006, a los 19 años, estaba preparada para ir a la universidad, y las misiones no estaban en su agenda. Pero la investigación para hacer un año sabático conducía a OM. "El Señor me ha metido en esto", comenta Rosie con una sonrisa. "Cuando leí sobre el programa de OM para servir en los ministerios urbanos de Zúrich, me dijo: '¡ve allí! Le dije que no me interesaba ir a una ciudad europea "pija", pero estaba tan claro que tenía que ir".

Al llegar a Zúrich, Rosie descubrió que ministrar a los drogadictos y a los sin techo era como volver a casa: los mismos problemas, pero en otro idioma. Vivir al lado del barrio rojo fue una experiencia nueva, y Rosie descubrió una carga para las mujeres que ejercen la prostitución; adquirir una experiencia más profunda en este ministerio cimentó su llamado. En 2010 se mudó a Atenas, donde OM colaboró con otros grupos de voluntarios para compartir a Jesús con las personas atrapadas por el comercio sexual. "También he aprendido cómo Él nos equipa y nos da su poder para el ministerio", dice Rosie.

Al ser una de las pocas personas de habla inglesa del equipo, Rosie conectó de forma muy natural con las mujeres de habla inglesa de Nigeria y Ghana. Aunque por naturaleza no es fácil para ella compartir el evangelio, ella descubrió "que el único lugar en el que resultaba tan natural hablar directamente del evangelio era en la calle, a las tres de la mañana, con estas chicas de África Occidental. Era un regalo y un privilegio". Los proxenetas suelen iniciar a las africanas occidentales en el comercio sexual mediante rituales de magia negra, y el potente miedo a lo demoníaco las mantiene allí. "Esas cosas existen", dice. "Pero he visto cómo Jesús responde a la oración, sana y protege".

Una broma y algunos milagros crean un nuevo proyecto

Después de ocho años en Atenas, Rosie se sintió comoda en su trabajo de evangelismo en las calles y burdeles. Pero le molestó que, para las mujeres que querían dejar la prostitución, un proyecto de costura fuera la única alternativa laboral, y no todo el mundo sabe coser. "Soy una gran aficionada a los libros", explica Rosie, "así que empecé a bromear con la idea de abrir una librería y emplear a estas chicas. Luego dejó de ser una broma, y me asocié con algunas personas locales con un corazón para luchar contra la trata de personas y abrí una librería que vende libros de segunda mano". No quería dejar mi trabajo de evangelismo, pero los planes de Dios son mucho mejores que los nuestros".

Rosie describe cómo, contra todo pronóstico (como su falta de conocimientos matemáticos o de experiencia empresarial y la locura del panorama inmobiliario de Atenas), pero con mucha oración, encontraron el local adecuado por una fracción del alquiler del mercado. Se abrió tres semanas antes del primer confinamiento de COVID en 2020 y humanamente hablando la tienda debería haber sido un fracaso. Sin embargo, dos años después, los beneficios son suficientes para patrocinar otro proyecto contra la trata de personas. Rosie dice que "simplemente acompaña" a las chicas en el discipulado. "No ha sido algo grande", dice. "Solo una o dos chicas a la vez, pero oramos, hablamos y compartimos la vida juntas y ha sido muy divertido. Y ahora se me ocurren ideas locas de montar una empresa de limpieza para emplear a más chicas, incluidas las de Oriente Medio que no hablan inglés ni griego".

Un Dios justo, generoso y omnisciente

"Dios es tan generoso", continúa Rosie. "No solo en la provisión dramática como la librería, sino que Él sabe lo que necesitamos y cuánto podemos soportar, y cuándo hay que hacer algo". Rosie también ha discernido la justicia de Dios. "A veces el mundo es malo, y la gente se hace cosas increíblemente perversas", observa. "Pero al final, su justicia lo arreglará todo, en esta vida o en la siguiente. Estoy tan aliviada que no es mi trabajo salvar a nadie ni arreglar el desorden. No soy la protagonista de esta historia. Dios es el protagonista, el que hace las cosas, y lo resuelve todo al final. Pero nos deja acompañarle en su obra".

 

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