Cuando Dios cambia tus planes

Ariela M., de 28 años de edad, es de Ushuaia, Argentina, la ciudad más austral del mundo.

A los 15 años, Dios puso las misiones en su corazón. “Ha sido un proceso de Dios conmigo. Él me dijo que iría a los menos alcanzados con el evangelio, asi que supe que esto sería donde debia enfocarme. Escogí mi carrera profesional con esto en mente. Supe que trabajaría con niños en riesgo,  vulnerables y  con discapacidad”, Ariela compartió. De hecho, desde su infancia, ella ha tenido el deseo de trabajar específicamente con personas de Birmania.

Luego de obtener su título en Psicopedagoga, ella le preguntó a Dios, “y ahora ¿qué hago?” Un amigo, al azar, le comentó acerca de un grupo que estaba trabajando con refugiados en el Medio Oriente, y ella se sumó a un viaje a corto plazo allí.

 “Ahí fue cuando me dí cuenta que Dios me había llamado a trabajar con los niños de mayor vulnerabilidad en el mundo: los refugiados”, Ariela declaró.

En cuanto ella comenzó a orar por oportunidades como estas, la crisis de los refugiados Rohinyá en Bangladesh había justo comenzado. Parte de una de las crisis de más rápido crecimiento de refugiados en la historia, los Rohinyá eran un grupo de personas musulmanas de Birmania. Más de 800.000 hombres, mujeres y niños habían huido a pie a la frontera vecina de Bangladesh, debido a lo que las Naciones Unidas (ONU) ha denominado como “limpieza étnica”.

Pronto, trabajar con los Rohinyá se volvió en el motivo primario para Ariela.

En el 2018, Ariela se embarcó en un avión al Reino Unido, donde tenia planeado obtener su visa para Bangladesh y luego pasar unos seis meses sirviendo con los Rohinyá allí.

Pero Dios tenía otros planes.

Debido a las restricciones fuera de su control, Ariela no pudo  servir directamente con los refugiados Rohinyá.  Sus primeros dos meses se trataron de mucha  oración y espera, hasta que en una noche ella le pidió a Dios, “Por favor, o haces que  los permisos aparezcan o muéstrame la salida, porque no pienso permanecer aquí esperando sin hacer el trabajo por el cual vine.”

Al día siguiente, Ariela recibió un mensaje de la oficina de OM en Argentina, preguntando si ella consideraría servir en medio de los refugiados en Serbia o Grecia. “No había pensado en eso, pero sentí que era la respuesta de Dios a mi oración de la noche anterior”, Ariela explicó. “Por lo que decidí ir a Grecia”

Grecia

 

En su primer día en Grecia, una persona invitó a Ariela a unirse a un grupo de mujeres y familias en una playa local. “Nosotros estuvimos en una playa turística con mangas largas y abrigos, y les enseñamos a nadar. Fue muy divertido”,  Ariela recordó. “Ese día me dí cuenta que Dios me había re-direccionado para encontrarme con gente de Medio Oriente. Habían muchas similitudes con nuestras culturas, y  sentí que podía relacionarme con ellos.

Ariela estuvo dos meses en Grecia, como voluntaria en diferentes ministerios. “Fui a una Iglesia donde realizaban servicios evangelísticos locales como distribuir almuerzos dos veces a la semana, entregando ropa, ayudando con el papeleo, etc. Ese lugar era asombroso. También colaboré con niños de 3 a 5 años mientras sus padres estaban en clase de Inglés. Dos veces a la semana ellos tenían devocionales allí, y vimos algunas cosas maravillosas.

Estas personas refugiadas venían de países donde los cristianos no pueden abiertamente compartir el evangelio. Pero en Grecia, hay más libertad para hablar acerca de Dios. Ellos venían al evangelio en vez de ser al revés.”

Serbia

Cuando su tiempo en Grecia se cumplió, Ariela fue a Serbia a servir a un campamento cerca de la frontera con Croacia. La mayoría de los refugiados eran de Irán, Afganistán, Nigeria, Pakistán y Somalia.

 “Nosotros teníamos permitido hablar con ellos y compartirles acerca del amor de Jesús.” Ariela recordó. Estábamos en un campo de refugiados, por lo tanto no podíamos tener reuniones oficiales. Pero ellos nos preguntaban, “¿por qué hacen  esto  por nosotros? Nos era permitido decirles que era porque Jesús los ama. He tenido hermosas charlas con las personas allí”.

 

Ariela especialmente se conectó con una muchacha de 16 años de edad, de Irán, quien estaba esperando con su familia para ir a Alemania. “Ella estaba preocupada porque su hermano estaba tratando de cruzar la frontera y viajar a Alemania, lo cual puede ser peligroso.” Ariela recordó. “Esta muchacha vino hacia mí y me dijo,´Yo quiero que puedas orar por mi hermano porque sé que Dios escucha a las personas cristianas.´ Le dije que sí, pero supe que Dios me estaba diciendo, ´Necesito que hables con ella porque su corazón está abierto a escuchar sobre mí.´

“Desarrollé una linda relación con ella y le entregué el evangelio de Juan. Un día ella dijo,´Eres realmente una buena persona. Yo quiero ser Cristiana, igual que tú. Pero deseo estar en un mejor lugar. Asique cuando llegue a Alemania, buscaré una Iglesia.´

 “Fue realmente difícil dejarla. Ella era increíblemente inteligente y había aprendido Inglés sólo hablando con la gente. Porque como ella es una refugiada, no podía ir a la escuela y su papá no podía trabajar. Ellos estaban detenidos en el tiempo.  Tenían sueños como todo el mundo y  peleaban con no tener un futuro allí.

“Ellos eran de Irán, el cual es uno de los 10 países con mayor persecución a los cristianos. Es realmente muy difícil para las personas de Irán escuchar y convertirse al evangelio. Ellos podrían ir a la cárcel y aún darles muerte. El hecho es que al estar en Europa significa que ellos estarían en un ámbito a salvo donde podrían escuchar el evangelio y aún ver una Biblia por primera vez.

 “Mi oración es que ella pueda encontrar una esperanza real para su vida, porque sin Jesús, ellos no la tienen, pero también  estarán en un lugar físico mejor donde su papá pueda trabajar, y ella pueda ir a la escuela”.

De regreso en Argentina

Evidentemente, el viaje de Ariela no se pareció en nada a lo que ella había imaginado. Terminó yendo a siete países diferentes en siete meses, incluída su asistencia a un entrenamiento de Respuesta ante Catástrofes en Alemania. A pesar de que Ariela no terminó sirviendo directamente con los Rohinyá, Ariela dijo, “Percibí a Dios diciéndome,´Justo ahora esta puerta no está abierta para tí, pero esto no significa que no lo estará en el futuro. En este momento la puerta está abierta para hablarles a los refugiados en Europa. Cuando la guerra termine, los refugiados dejarán de venir, y será más difícil alcanzarlos.”  

“Tengo este sentir como que Dios no va a plantarme en un solo lugar a lo largo de mi vida. Él está tratando de enseñarme a ser flexible y confiar que Él está en control. Se trata de aprender a descansar en Él.”

Ahora de regreso en Ushuaia, Ariela se está preparando para volver a Serbia. Esta vez como una misionera a largo plazo. “Existen tantas oportunidades  para servir en el campo. Y he escuchado recientemente que aún unos pocos Rohinyá han pasado por allí!”

Cuando  Dios puso las misiones en su corazón a los 15 años, Ariela no tenía idea las vueltas que tendría su historia. Lo mismo ocurrió cuando ella dejó Argentina para ir a Bangladesh. Pero a través de cada sorpresa y cada nuevo desafío, Dios estuvo con ella a cada paso del camino – escribiendo la historia  más asombrosa que ella hubiera podido imaginar.

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