Trata de personas en Asia Central

En dos años de trabajar con niñas que se venden a sí mismas por sexo, Amelia*, una trabajadora de OM en Asia Central, solo ha oído de dos dejando el negocio. La prostitución crece a través de Asia Central – a pesar de la completa aversión cultural de honor-vergüenza hacia ello – como resultado de una desenfrenada trata de personas y la crisis económica que lleva a muchas mujeres a hacer lo que sea por dinero.

La sociedad repudia a las mujeres en el negocio, sin importar si entran por elección o coerción, pero es inmune a la prostitución en general. Los niños corren por las mismas calles donde las mujeres están paradas, haciendo sonar un manojo de llaves, alertando a los transeúntes de su disponibilidad. Las familias compran en los bazares que bordean los burdeles. A veces, al anochecer, autos llenos de hombres frenan – padres o tíos trayendo a sus familiares hombres más jóvenes como un rito de placer, describe Amelia. “Si ves eso mientras creces, ¿Qué tan normal se vuelve?”, ella acentuaba. “Oro para que los hombres se den cuenta que esto no es lo que el sexo realmente es. El sexo debería tratarse de amor, debería tratarse de la familia, con tu esposa.”

Para la mayoría de las mujeres en la trata, sin embargo, el sexo es supervivencia.

Cruzan los límites de la ciudad y las fronteras del país, motivadas para ganar dinero que las ayudará a conseguir una mejor vida y sostener a sus hijos. Pero, una vez que entran en el negocio, raramente salen. “Antes que las chicas vengan con nosotros, tienen que creer otra cosa. Tienen que creer que tienen opciones. Tienen que creer que valen algo,” dice Amelia.

Katya*, una creyente de Asia Central que ayuda con tareas administrativas y acompaña al pequeño grupo de alcance en ocasiones, dice, “Dios nos dio libertad, así que quiero compartir con ellas que pueden ser libres. Y, ayudarlas a salir de allí. Algunas de ellas piensan que no tienen opción, y que no tienen forma de comenzar una vida nueva, pero queremos ayudarlas con eso.”

Rompiendo el hielo

Varias personas de OM, incluyendo a Amelia y Katya, buscan formar relaciones con las mujeres envueltas en la prostitución como también aquellas que son más vulnerables a ello. No tienen un programa específico, pero tienen que adoptar prácticas que las ponen en proximidad con las mujeres que quieren alcanzar.

A veces, un par caminan por las calles donde es sabido que las chicas están, orando e interactuando con aquellas que conocen. Otras veces, visitan un burdel cercano y se sientan en un área de descanso, orando y esperando que las mujeres se les acerquen.

“Hay mucha sospecha si solo vas y comienzas a hablarle a alguien,” explica Amelia. “Caminando por las calles y conociendo chicas, nos dimos cuenta que solo comenzar a hablarles no estaba funcionando, así que pedíamos ayuda.”

Preguntas como, “¿Sabes dónde hay un buen lugar de comida por aquí?” o, “¿Sabes cuánto debería pagar por un taxi para llegar a este lugar?”, rompen el hielo. “Nos dimos cuenta que las chicas realmente quieren ayudar,” dice Amelia. “Aunque han pasado por situaciones muy difíciles, sus corazones no están completamente cerrados aún. Aún están dispuestas a ayudar a extraños.” Al pedir ayuda, las OMers también comienzan relaciones que pueden construir luego.

Por supuesto, las conversaciones resultantes se quedan en temas superficiales como estilos de cabello o hijos. “Puedes tener estas conversaciones por uno o dos años antes de obtener algo significativo o antes de que confíen lo suficientemente en ti para decir: Quiero irme,” dice Amelia.

Uno de los burdeles que visita el equipo tiene un café donde las mujeres descansan entre clientes. Por un largo tiempo, cuando Amelia iba allí, ella se sentaba en el café y oraba que Dios proveyera de una forma de hablar a las mujeres. “Por años eso no estaba sucediendo,” recuerda. “Solo estábamos orando por las chicas pero no hablando.”

Finalmente, en una visita de tarde, Amelia y otra persona del equipo, ambas nuevas al idioma local, llegaron al burdel y encontraron el café vacío, excepto por la chica que servía el café y el té.

“¿Quieres sentarte con nosotras y ayudarnos a practicar el idioma?”, le preguntaron.

Ella aceptó y se sentó junto a ellas. “Cuando las chicas llegaron, en vez de ir a mostrador a comprar sus comidas, vinieron a donde ella estaba, que era nuestra mesa, ¡y comenzaron a hablarnos!” recuerda Amelia. “Desde aquel día, formamos relaciones.

Al final, la solución nuevamente probó ser simple: “Solo somos nosotras yendo y pidiendo ayuda,” describe Amelia. “Si nos humillamos, podemos conectar con las personas mucho más fácilmente.”

Cuando a la iglesia le importa – y, cuando no

Rosanna*, una chica que Amelia conoció en su ciudad, estaba alternando entre ruso e inglés cuando se conocieron. “Usualmente, las chicas tienen historias bastante similares. Tal vez son de otro pueblo. Tal vez, tienen hijos o familiares a los que están ayudando. Vienen a la ciudad en búsqueda de una mejor vida, pero no la encuentran,” dice Amelia.

Esperando que Rosanna describa esta narrativa, Amelia estaba sorprendida – y, triste – de escuchar su experiencia. Ella había estudiado inglés y alemán, obteniendo un título universitario, y estaba viviendo y trabajando en otra gran ciudad – haciendo traducción bíblica.

“Muchas chicas no se sienten 100% seguras con nosotros, en especial en los primeros encuentros”, dice Amelia, “pero eso me pone muy triste si es verdad. Si estaba trabajando con la iglesia, y luego se mudó de ciudad… ¿quién no estaba cuidando de ella para que termine en este negocio?”

A pesar del desaliento de algunas historias y el alcance de la situación, Amelia también ha visto a Dios trabajar a través de tristes situaciones. En un punto, luego de haber establecido múltiples relaciones en un burdel en particular, una nueva proxeneta les prohibió a los trabajadores de OM visitar a las chicas allí. “Manténganse alejados, manténganse alejados, manténganse alejados”, ella les decía cuando llegaban.

"Estábamos muy preocupados,” comparte Amelia. “Estas son las chicas con las que hemos pasado mucho tiempo. Todo el ministerio está siendo amenazado.”

El equipo tomó tiempo para orar por la situación, pidiendo a amigos y compañeros de trabajo que se unan. Finalmente, regresaron al burdel y descubrieron que la proxeneta problemática había sido vencida. Durante su ausencia, sin embargo, una de las chicas había dejado la trata. Estaba en el refugio de una organización hermana, y una pequeña iglesia local se había hecho cargo de la responsabilidad por su rehabilitación – ofreciendo ayudarla a encontrar trabajo y alojamiento. “El tiempo para ello y nuestra fe era alocado, el hecho de que Dios está haciendo eso para esta mujer es loco, y el hecho que una iglesia local quisiera involucrarse y ayudar - ¡eso es enorme!”, afirma Amelia.

“Si alguien ha sido conocida por ser una prostituta, es difícil para ellas encontrar otro trabajo luego,” explica. Para que cambie sus prospectos laborales, es imperativo que los creyentes comiencen negocios que empleen a estas chicas. “Al momento, nuestros compañeros tienen un refugio, para que las chicas que salen puedan ir ahí, y obtener rehabilitación, pero no tenemos trabajos donde poner a las chicas.”

Mientras tanto, el equipo de OM espera abogar por las mujeres en zonas de iglesias, “para que los creyentes den un paso: para que cuando vayan por las calles sean diferentes a otras personas, que no solo caminen por al lado de las chicas, sino las vean como personas que Dios ama,” explica Amelia.

De proyectos de grupo a estudios bíblicos

Las prostitutas no son solo mujeres que operan en los márgenes de la sociedad de Asia Central. Amelia también se ha asociado con otra organización para empoderar a las mujeres más pobres del país donde ella sirve.

A través del Proyecto, el cual involucra el desarrollo de habilidades de negocios, Dios ha provisto a Amelia y su compañera de oportunidades para conectar con mujeres. “Estamos sentadas en parques, tocando a las puertas, yendo a escuelas y pidiendo a los maestros que nos señalen las mujeres más pobres de la comunidad,” describe Amelia. “Muchas de ellas no han conocido un creyente antes, por lo tanto es Dios permitiéndonos entrar en la vida de estas mujeres y dándonos una forma para hacerlo, incluso cuando los objetivos del proyecto están siendo muy difíciles de alcanzar.”

Por medio del proyecto, la compañera de Amelia – una creyente de Asia Central divorciada – descubrió que ella podía alcanzar a mujeres en situaciones similares. Luego de un mes de trabajar con otras divorciadas, “aún no tenemos un grupo (del proyecto), pero dos de ellas han conocido al Señor, y una de ellas está interesada en ir a iglesias en las casas,” comparte Amelia. “Le enseñé (Discovery Bible Study) porque quiere comenzar sus propios grupos con estas mujeres, y la buscan por ayuda. ¡Es genial!

“Cuando me uní a OM, lo más importante para mí fue que en muchos lados del mundo, y definitivamente en el sector de la prostitución, hay mujeres a las cuales la sociedad les ha dicho, por medio de la gente que conocen, “No sirves para nada. No eres suficiente. Eres menos””, resume Amelia. “Es muy duro para mi ver personas que no creen que Dios puede amarlas, saber que lo hace.”

¿Tu corazón se rompe por aquellos atrapados en la trata de personas? ¿Quieres hacer algo para ayudarles a encontrar la libertad? ¡Contáctanos para saber cómo puedes ser parte del ministerio anti-trata de personas!

*Nombre cambiado por seguridad.

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