¿Cómo se comparte el amor de Dios en Israel?

Un obrero cristiano comparte lo que significa servir en la tierra donde Jesús vivió, murió y resucitó.

«Siempre me sentí atraído por Asia», dice Daniel* de Estados Unidos. «Pero después de servir en distintos países asiáticos por más de 20 años, volvimos a los Estados Unidos y oramos para que Dios nos revelase cuál sería nuestra próxima misión».

«Llevábamos seis años orando por dirección, y nada parecía adecuado hasta que, de repente, se presentaron dos oportunidades increíbles al mismo tiempo. Ambas estaban relacionadas con ministerios con los que siempre había soñado. Cualquiera de las dos hubiera sido muy buena para mi esposa, Christy*, y para mí», rememora Daniel. «Pero de golpe alguien me habló de Israel».   

Fue una oportunidad que Daniel no esperaba y, al principio, no estaba seguro de que fuera Dios quien lo estaba guiando a ese lugar. "No podía decir si Dios formaba parte de la decisión o si solo se trataba de ir a Israel. Después de todo, ¿qué cristiano no desea ir a Israel? Decidimos hacer un viaje exploratorio y ver qué pasaba».

Durante el viaje, Dios les hizo ver claramente que debían mudarse a Israel.

A diferencia de otros países del Medio Oriente donde los cristianos pueden acceder a una visa de trabajo, las cosas en Israel son distintas. «La mayoría de la gente va como estudiante de hebreo o árabe. Después, generalmente continúan su educación con estudios bíblicos. Eso es lo que hice. Sin embargo, aunque uno aprende hebreo, la mayoría de las personas habla inglés», aclara Daniel.

«También hay muchos judíos que han emigrado a Israel y que hablan ruso, alemán, portugués y español, por lo que los obreros que hablan esos idiomas suelen encontrar puertas para el ministerio dentro de las distintas comunidades».

Según Daniel, compartir el amor de Dios en Israel es tan sencillo como hablar con la gente: «Una de las cosas más eficaces que hacemos es ir de puerta a puerta, lo que es un punto focal para los equipos de corto plazo. Al principio, la gente tiene miedo o dudas sobre ir por las casas, pero al final terminan admitiendo que les encanta».

«Es que las personas te invitan a pasar, así que, en realidad, terminas conociendo a la gente del lugar y escuchando sus historias. Les gusta recibir visitas de extranjeros y anhelan hablar con nosotros».

"Les decimos: "Hola, somos seguidores de Yeshua y nos gustaría hablar con usted. Amamos a Israel", y nos invitan a pasar. No escondemos que somos creyentes. Podrían cerrarnos la puerta, y algunos lo hacen. Pero cuando hacemos estas pequeñas cruzadas, siempre tenemos por lo menos una conversación que nos permite ir más allá. Y entonces, como ya sabemos dónde viven estas personas, volvemos a visitarlos».

Además de las actividades de extensión comunitaria, la oración es uno de los principales objetivos de los obreros cristianos en Israel. «Ahora tenemos una casa de oración en el norte», explica Daniel. «Es el resultado de la visión que tuvo una viuda judía llamada Ruth*, que después de decidir seguir a Cristo, comenzó a compartir su fe en su comunidad local. Ella pudo ver que ministerios cristianos intentaban alcanzar la región, pero que siempre pasaba algo que hacía que estas organizaciones e iglesias cerraran sus puertas.

«Ruth clamó: "¿Por qué, Señor? Traemos tu mensaje y, sin embargo, estas cosas continúan sucediendo"». Luego vio la imagen de un gran balcón con vista a la región, donde las personas de todo el mundo oraban y comprendió el mensaje: dado que por siglos la región había estado plagada de conflictos, idolatría y ocultismo, el avance no se produciría hasta que miles y miles de oraciones se derramasen sobre ese lugar.

«Lo primordial para producir el quiebre que abra paso a que el Evangelio eche raíz es la oración».

«Ella vio esa imagen hace 20 años», continúa diciendo Daniel. «Ella no tenía los medios para tal emprendimiento, pero tenía la visión. Cuando nos llegó la noticia, hicimos lo posible por alentarla. Teníamos ideas, pero no parecían resultar».

«Con el tiempo, nos dimos cuenta de que se suponía que debíamos hacer algo más que solo alentarla a seguir adelante; debíamos trabajar en el proyecto con ella. Y entonces Dios nos dio exactamente la casa que necesitábamos. Esta casa de oración es parte de la estrategia que tenemos para que la región sea alcanzada por el Evangelio. Es una región de más de 100 comunidades, en su mayoría judíos, donde también hay algunos musulmanes. En toda la región, hay dos culturas».

Es una oportunidad que está abierta y que nadie ha tomado aún.

Los obreros israelitas oran por tres cosas: «Primero», dice Daniel, «constantemente oramos que los que Jesús nos enseñó en Matthew 9:38. "Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo"Oramos para que estos obreros vengan tanto del extranjero como del propio Israel.

«En segundo lugar, oramos por la salvación del pueblo judío primero, y luego de los gentiles, según la enseñanza de Romanos 1:16. Es irónico, ya que la mayoría de los obreros que comparten el amor de Dios en Israel son gentiles. Lo gracioso es que eso a veces hace que los judíos tengan celos de su Dios y digan: "Guau, tú conoces la Biblia mejor que yo y conoces a mi Dios mejor que yo"».

«En tercer lugar, oramos por la reconciliación entre judíos y árabes. Hemos visto lo maravilloso que es cuando los creyentes judíos y árabes comparten el evangelio unos con otros. Llegan a reconciliarse y comprenderse el uno al otro de un modo profundo».

«Es así que la casa de oración está en el centro de estas cosas», continúa diciendo Daniel. «Las personas pueden venir durante el día a orar, y nosotros les abrimos la casa para que puedan hospedarse también».

Los obreros de largo plazo se unen a los equipos de corto plazo para realizar tareas de asistencia comunitaria, así como también para servir en los ministerios locales y realizar actividades que van desde entregar literatura cristiana y llevar adelante tareas de evangelización a partir de entablar relaciones con las personas en las comunidades menos favorecidas hasta prestar asistencia en las zonas rojas de las ciudades entre muchas otras actividades.

Daniel nos dice: «La cuestión es la siguiente: en Israel hay aproximadamente ocho millones y medio de personas. El año pasado, había más de tres millones y medio de cristianos en la región, pero eran turistas que estaban vacacionando en Israel para visitar los lugares que forman parte de la historia bíblica».

«En realidad, solo hay 30,000 cristianos viviendo en Israel».

«La oportunidad de compartir el amor de Dios en cualquier lugar de Israel es muy grande porque no es ilegal ser cristiano en ese país, como tampoco lo es compartir la fe con quienes son mayores de 18 años de edad».

«Y la posibilidad de hacerlo en Tierra Santa es inolvidable. No hay nada que se compare con vivir y servir en Israel», dice Daniel. «Hasta que uno no viene a Israel, la Biblia es un poco como una foto en blanco y negro. Pero al estar allí, no solo adquiere color, sino que más bien es una experiencia multidimensional, y las sensaciones va más allá de los colores y olores. Uno puede ver los lugares que una vez imaginó al leer la Biblia. En muchos aspectos, las costumbres de aquellos tiempos aún resuenan en la cultura del lugar y algunas de ellas aún se mantienen, con lo cual, las prácticas del judaísmo que encontramos en la Biblia tienen mucho más sentido».

«Es una experiencia tan rica que la Biblia cobra vida».

¿Sientes pasión por ver que las personas de Israel se vuelvan a Cristo? Haz clic aquí para obtener más información sobre cómo servir a corto y a largo plazo allí. https://www.om.org/en/country-profile/israel.

*los nombres han sido modificados

A Kristen Torres-Toro le encanta compartir historias sobre lo que Dios está haciendo en el mundo. En la actualidad, trabaja en el área de Comunicaciones de OM en Argentina.

 

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