Mostrando el amor de Dios en un mundo COVID-19

written by Beth

Regresando de un paseo familiar en bicicleta, nos detuvimos por combustible. Mi esposo habló brevemente con quien nos atendió y luego entró al kiosco para pagar. Mientras él estaba allí, el empleado abrió la puerta del conductor para hablar conmigo. Quería saber si pertenecíamos a un determinado grupo étnico, ya que hablábamos la lengua local. Luego nos preguntó de dónde éramos, cómo habíamos aprendido el idioma, etc., y dijo: «¡Excelente! Hablan muy bien, bienvenidos».

Esta interacción no era nada nuevo; a menudo despertábamos la curiosidad de los locales cuando hablábamos la lengua de su corazón, aunque nos veíamos diferentes. En otra ocasión, previamente al COVID-19, hubiese estado interesada en esta interacción: practicar el idioma, pensar en cómo "agregarle un poco de sal a la conversación" o "plantar una pequeña semilla del evangelio".

Pero ese día, luego de casi tres meses de cuarentena y encierro, con plena consciencia del creciente número de casos de COVID-19 (habiendo sido levantadas las restricciones), a pesar de mi sonrisa y haber seguido la conversación, todo lo que podía pensar era: "¿Por qué abriste mi puerta? ¡Por favor, ponte la máscara correctamente! ¿Nos estás contagiando el coronavirus a mí y a mis hijos, sentados en este auto?"

¡Qué odio! ¡Odio haber estado pensando en esas cosas mientras hablábamos! Estamos viviendo en este país para mostrar el amor de Dios a las personas, ser la fragancia de Cristo para aquellos que nunca escucharon las buenas nuevas; pero solo estaba pensando en mi seguridad y la de mis hijos frente al virus.

En esta cultura del centro de Asia, la confianza se construye a través de apretones de manos y compartiendo comidas cerca unos de otros. Una vez que los conoces, las personas son muy expresivas a través de abrazos y besos; y son afectivos y amistosos (nuestros niños se esconden de las abuelas de la iglesia para que no los besen).

Una vez vimos dos autos chocar en una carretera muy transitada. Los conductores (hombres) se bajaron de sus autos, se dieron la mano y comenzaron a discutir, llamaron a la policía, etc. El apretón de manos es esencial, es la base de todas las interacciones.

Seguimos tratando de compartir el amor de Dios y su cuidado por la gente a través de charlas por Zoom, mensajes de WhastApp y enviando paquetes de cuidado; pero no es lo mismo que un abrazo o el compañerismo de una comida.

Dios me está enseñando que puede hacerse presente en medio de una familia aun cuando yo no puedo hacerlo. Ansío poder estar con los niños con discapacidad entre los que servimos habitualmente y animar a sus cuidadores. No puedo estar con ellos físicamente, pero sé que Dios puede alcanzarlos; él no se ve afectado por el virus y su poder no está limitado por la distancia social. Por eso, a menudo, el tiempo que reservamos usualmente para la terapia es ahora tiempo de oración en línea con nuestro equipo de terapeutas, llevando a las familias delante del trono de gracia de Dios.

¿Es posible mostrar el amor de Dios en esta cultura de forma que realmente toque sus corazones, a distancia y con una máscara?

¿Cuándo está el miedo impidiéndonos construir relaciones y cuándo estamos siendo sabios en medio de una pandemia?

No sé si hay una respuesta clara y concisa. El estrés usual del día a día, en este país de Asia central, se incrementa profundamente en medio de la tensión de amar a las personas durante la propagación del coronavirus.

Que Dios nos dé sabiduría cada día a medida que buscamos formas de compartir y mostrar su amor en un mundo de máscaras y de distancia social de dos metros.

 

 

http://www.blog.om.org/blog/2020/7/24/showing-gods-love-in-a-covid-19-world

People wearing face masks walk down the street.

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