Devolviendo la misión a la iglesia

written by Nicole James

A pesar de ser veterinario licenciado y técnico voluntario en urgencias médicas (TUM), Sam Castro pasa sus días entre su computadora y un fondo azul brillante, trabajando como intérprete médico para hospitales. «Me gusta porque me da tiempo suficiente para seguir involucrado en la iglesia», dijo el mexicano de 32 años. Abrir un consultorio veterinario, por otro lado, habría requerido que estuviera disponible para urgencias casi 24/7.

El hecho de que ahora use el inglés para ganarse la vida se remonta a su infancia cuando, según Sam, sus padres le demostraron el amor de Dios sacrificando algunas cosas para sí mismos, para poder pagar la matrícula en una escuela cristiana privada para Sam y su hermano. Allí, ellos aprendieron no solo valores bíblicos, sino también inglés. «Mi papá siempre decía: 'si quieres involucrarte en misiones, tienes que saber inglés' ―compartió Sam―. Ahora, aquí estoy, y ha sido la herramienta básica para poder involucrarme en misiones».

La oportunidad ministerial más reciente de Sam, traducir materiales para OM del inglés al español, resultó de su temprano aprendizaje del idioma; pero su pasión continua por las misiones proviene de su temprana infancia. Su padre fue líder de OM en México y, «cuando éramos niños, siempre íbamos de la conferencia de verano al evento de alcance de Navidad y al de Semana Santa ―recordó Sam―. Siempre estábamos rodeados de misioneros que venían [de visita]».

Sam mismo sirvió con OM en el barco, Logos Hope, de 2013 a 2016. Cuando regresó a su hogar en Pachuca, México, el equipo de liderazgo de su iglesia lo nombró líder del ministerio de misiones. Para ese entonces, el ministerio de misiones que solía haber en esa iglesia se había disuelto, por lo que Sam tuvo que empezar de cero.

Empieza orando

Primero, él y dos amigas comenzaron a reunirse semanalmente para orar. Le pidieron a Dios metas a corto, mediano y largo plazo para reintroducir a la iglesia en las misiones. Luego hicieron la invitación a su iglesia, de alrededor de 150 personas, para unirse a ellos.

«La gente empezó a venir a la reunión del ministerio de misiones y, poco a poco, empezamos a hacer cosas», explicó Sam. Durante un mes en el verano, establecieron una cafetería en la iglesia y compartieron testimonios e historias de hermanos sirviendo en otros países. En la época de Navidad, recolectaron pequeños juguetes, libros para colorear y otros artículos de la gente de la iglesia y, después de agregar dulces y un folleto evangelístico, los distribuyeron a niños en pueblos pequeños en las montañas.

Durante el transcurso del 2019, Sam y el equipo de misiones organizaron reuniones semanales de oración centradas únicamente en las misiones. Una vez al mes, las reuniones duraban de cuatro a cinco horas. Pero el concepto de «misiones» que prevalece en México es «ir al siguiente pueblo/ciudad, —explicó Sam— …y tal vez sea una cultura diferente, si cruzas a otro estado».

Ampliar la comprensión de su iglesia acerca de las misiones transculturales ha sido uno de los enfoques de su nuevo ministerio misionero. «Una de las cosas que hemos encontrado realmente útiles son los boletines que me envían mis propios amigos [del] barco que todavía están sirviendo», dijo Sam. «No hago nada más que traducir algunas de las noticias, algunas de las oraciones y las fotografías».

Las noticias provienen de una amiga asiática que sirve en el lago Tanganica en Zambia, otra amiga con ministerio en Tailandia, un profesional médico europeo que trabaja en el Medio Oriente, una pareja latina que continúa con el ministerio de los barcos y un puñado de otros involucrados en misiones de tiempo completo después del tiempo compartido navegando. A veces, Sam comparte una imagen de la bandera y un mapa del lugar en el que sirve dicha persona. Cuando comparte con los miembros de la iglesia sobre su amiga en Zambia, «estoy seguro de que ni siquiera saben exactamente lo que está haciendo; pero que la gente pueda orar por su salud, por su vida espiritual, por su fe... simplemente por su ministerio, creo que Dios nos da una conexión muy poderosa», explicó Sam.

Además de las reuniones de oración, ha organizado un puñado de reuniones cada año en las que invita a compartir sus historias en persona. En uno de estos eventos, después de un testimonio particularmente conmovedor, Sam vio lágrimas en los ojos de algunos miembros de la iglesia. «Ellos mismos se estaban dando cuenta: ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué estoy haciendo con mis privilegios? ¿Qué estoy haciendo con mi libertad en México? Hay personas que van a lugares difíciles para compartir el amor de Dios, ¿y ni siquiera puedo decir que soy cristiano en mi propia ciudad? Esa conferencia fue uno de los grandes momentos para nosotros como equipo», recordó.

La respuesta de la iglesia al ministerio misionero ha sido una mayor conciencia del poder de la oración, «dándose cuenta de que sus oraciones pueden ir más allá de su ciudad, más allá de su familia, más que solamente su salud o su iglesia. No hay límite para la oración», dijo Sam.

Desafíos por el coronavirus

Sam contó que en el 2020 el equipo de misiones había planeado un viaje a El Salvador. Era una meta de mediano plazo que esperaban que pudiera proveer una experiencia en misiones transculturales a los miembros de la iglesia que planeaban ir; pero el viaje fue cancelado debido al nuevo coronavirus. Los servicios dominicales han continuado a través de YouTube, mientras que las actividades del ministerio de misiones se han trasladado a WhatsApp. Sam todavía envía peticiones de oración traducidas de sus amigos que sirven en todo el mundo, y está considerando organizar el evento de misiones de otoño en Zoom.

Las personas en su iglesia, sin embargo, son principalmente parte de una generación mayor y les ha costado adaptarse a las reuniones virtuales, necesarias por la pandemia. «Les encanta orar y les encanta involucrarse, [pero] el lado tecnológico de las cosas, eso todavía se les dificulta», compartió Sam.

Hasta ahora, no ha utilizado una opción en línea para las reuniones mensuales de oración por las misiones. «No vamos a la reunión solo para tener la reunión; para nosotros es: ¿cómo estás? ¿Cómo está tu familia? ¿Cómo estás de salud? Somos gente muy dada a las personas ―explicó―. Así que, es difícil tener todo eso en una pantalla. Aunque el mensaje se transmite y la visión continúa, el factor personal simplemente no está ahí, por lo que es difícil para nosotros».

La base de las misiones

Sam contó que, hasta que estuvo en la universidad, nunca entendió realmente la necesidad de la oración. «Siempre escuché sobre la oración y que la oración es hablar con Dios, pero carece de significado si no lo experimentas», compartió.

Sam recordó el desafío de ser el nuevo gerente de la librería en el barco y reconocer que sus decisiones afectarían la vida de sus compañeros de tripulación. Entró en su camarote, se arrodilló en el suelo y clamó a Dios por formas de ayudar a su equipo. «De repente, se me ocurrían ideas ―recordó Sam―. No hay forma de que fueran mías; ese fue Dios susurrándome».

Y aunque el inglés puede ser esencial para participar en algunas organizaciones internacionales de misiones, «la oración es la base de las misiones, [de] cualquier tipo de relación que tengas con Dios», afirmó Sam.

A nivel mundial, las necesidades de los trabajadores y las organizaciones misioneras pueden ser abrumadoras, admitió. «No hay forma de que puedas orar por todo, así que toma lo que puedas ―alentó a otros creyentes―. No tenemos idea de lo poderosos que serían cinco minutos de oración todos los días para una persona. Solo concéntrate en uno. Empieza con alguien. Eso es todo».

Coatzacoalcos, Mexico :: Crewmembers worship with members of a local church.

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